Capricornio sideral: Makara
Makara, décimo rashi, cocodrilo de cara de ciervo, signo móvil de tierra regido por Shani; Mangala se exalta en él y Guru cae.
Makara empieza en tierra firme y acaba en el agua. Se le atribuyen cuatro patas en la primera mitad, y luego ningún pie y la natación en la segunda. Su emblema es un cocodrilo de cabeza de ciervo. Es el décimo rashi, entre 270° y 300° en el zodiaco sideral: un animal híbrido, de naturaleza compuesta.
Shani es su regente. Mangala se exalta en él, con su punto más alto en el grado veintiocho, y Guru cae en el cinco. Signo móvil, pertenece al elemento tierra. Por ser par, se tiene por femenino. Su naturaleza es tamas, la del peso, que describe al signo y no a la persona.
Se lo ve macizo, moteado, orientado al sur. Frecuenta bosques y suelos, domina de noche y sube por el horizonte por la espalda. En el cuerpo del ser cósmico equivale a las rodillas.
Makara contiene tres cuartos de Uttara Ashadha, la totalidad de Shravana y dos cuartos de Dhanishta. Sus navamshas se cuentan a partir de él mismo.
Makara como Lagna, el Ascendente
¿Será Makara temeroso? El antiguo retrato lo afirma, y en el mismo aliento dice que te lanzas sin pensar. Esos dos rasgos conviven con más frecuencia de lo que se imagina: se titubea tres semanas antes de elegir y luego uno se compromete en diez minutos. Makara, el Capricornio del zodiaco sideral, es un signo móvil de tierra cuyo regente es Shani, Saturno. Se convierte en tu lagna si ascendía por el horizonte este en tu nacimiento.
El retrato dibuja una existencia frugal. Ayunas, vigilas tus cuentas y pocos parientes te rodean. En cambio, tu apego a la persona que comparte tu vida es evidente. Lo que adquieres vendría de la bravura, de la autoridad o del bosque, palabra esta última que pertenece a otro mundo y se deja tal cual.
En cuanto al desahogo, el retrato se contradice sin escrúpulo: una línea dice pocos bienes, la siguiente dice abundancia. Nada decide entre ellas, y ninguna está prometida. En lo demás, todo concuerda, incluido el temperamento de viento. Venus y Mercurio sirven a este lagna, sobre todo Venus, que por sí sola basta para componer una bella combinación. El Sol permanece neutro.