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Rosmaryn Astrología védica

Leo sideral: Simha

Simha rashi

Simha, quinto rashi, león fijo y solar regido por Surya, sin exaltación ni caída, signo real de la fuerza a plena luz.

En Simha ningún graha se exalta ni cae: este rashi pertenece solo a su regente, Surya. Los veinte primeros grados forman, además, el moolatrikona de Surya, donde se siente más a gusto. Simha es el quinto signo, de 120° a 150° en el zodiaco sideral. Es fijo. Por ser impar, pasa por masculino.

Su emblema es el león. Se le dan cuatro patas, un gran cuerpo, la mirada hacia el este. Ronda los bosques y emerge por la cabeza. Su naturaleza es sattva, la más clara. Para el color, dos imágenes: amplio y blanco, o negro y blanco.

Domina el día, lo que le conviene a un signo solar. Se dice real. Entiéndelo como una presencia, una dignidad en la rueda de los signos, sin ninguna promesa hecha a nadie. De él se guardan nociones simples: la fuerza a cielo abierto, la fijeza y la soledad de los lugares salvajes donde vive el animal.

En el cuerpo del ser cósmico, Simha representa el estómago. Sus nueve navamshas, novenos del signo, parten de Mesha.

Simha como Lagna, el Ascendente

Severo y a la vez amante de la gente: el retrato de Simha reúne esos dos polos. Simha, el Leo del zodiaco sideral, es un signo fijo bajo la autoridad de Surya, el Sol, al que el antiguo retrato califica de real. Si ascendía por el horizonte este en tu nacimiento, es tu lagna.

El antiguo cuadro le reconoce competencia y vigor. Alimentas tu casa con múltiples tareas, varias cuerdas en el arco en lugar de una sola profesión. La reputación puede crecer. Se cuelan una debilidad por la carne, detalle de mesa que distiende el conjunto, y una manera muy ajustada de llevar las cuentas. Con los allegados hay roces. Más sorprendente para un signo real: una parte de resignación, saber aceptar lo que no se puede cambiar.

Un punto admite dos lecturas: para algunos, rechazas lo que destruye; para otros, te sustraes a las miradas. Las lecturas coinciden en el temperamento, que es de bilis. A este lagna se le dan tres aliados: Marte primero, luego Júpiter y el Sol. Se precisa que Júpiter y Venus asociados no producen allí el resultado feliz que se les supondría.